Chistes de lotería de Navidad

Chistes de lotería de Navidad

La lotería de Navidad es una tradición que tiene más de un siglo en España y a finales de año mucho se habla sobre sus premios y la pregunta más común es: ¿Qué harías tu si te tocase la lotería de Navidad?  Las respuestas son de lo más variado y ahí es cuando surgen la mayoría de los chistes de Lotería de navidad. Por ejemplo este:

Pregunta el marido a la esposa:

- ¿Tú qué harías si me tocara la lotería?

- Me quedaría con la mitad, me separaría de ti y me iría de casa.

- Muy bien, pues me han tocado 12 euros; toma tus 6 y ¡ala!, a volar...

Los chistes de Lotería de Navidad son tradicionales, muchas veces con tintes machistas, pero que poco a poco se fueron readaptando a los nuevos tiempos, como es el caso de este:

Le pregunta el marido a su mujer:

Maria, si te tocaran cien millones con la Lotería, ¿me dejarías de querer?

No, mi vida. Pero te echaría mucho de menos.

Los protagonistas suelen ser hombres de la clase obrera y casi siempre la hipotesis es que a esta pareja le ha tocado el Gordo y a partir de ahí la escena se desarrolla con humor:

Un hombre sale como loco al balcón de su casa, y le grita a su mujer que está en el parque hablando con las amigas:

- ¡Solcito! ¡Solcito! ¡Hemos ganado los 50 millones en la lotería!

La mujer salta como loca de alegría, pasando entre todas las amigas, y sale volando a la casa para abrazarse con su marido, cruza la calle, y en eso aparece un camión a 120 Km./hr y ... zaz, la atropella.

El marido abre los ojos hasta sacarlos casi de las órbitas, y dice:

-¡Carajo! Cuando uno está con suerte, ESTÁ con suerte!

Luego hay otros chistes de Lotería de Navidad que hablan sobre la necesidad de comprar el décimo de lotería. Porque si hay algo seguro es que si no compras, nunca podrás ganar:

Esto es un catalán que, desde 15 días antes del sorteo de la Lotería de Navidad, está en la iglesia diciéndole a Dios:

- Mira señor. Tú me tienes que ayudar. Tienes que hacer que gane el gordo de la Lotería completo. Y ese año, no le toca nada. Al año siguiente, lo mismo. Y al siguiente... y al siguiente... y al siguiente.

Así que Dios se enfada, y se le aparece al catalán con una luz muy grande y un trueno muy gordo:

-     Hijo mío. Yo te quiero ayudar. Pero compra el décimo por lo menos